Cuando morir no es particularmente triste

El día de su 104 cumpleaños el ciudadano australiano David Goodall declaró que lamentaba profundamente haber llegado a esa edad. Lo dijo con culpa, como si en su mano estuviese haber sobrevivido todo aquel tiempo. No soy feliz, añadió, quiero morir, no es particularmente triste. Lo triste es que me lo impidan.

David Goodall era un reputado científico en su país, investigador asociado de honor de la Universidad Edith Cowan, Perth, Australia. No sufría ninguna enfermedad terminal, pero desde hacía unos años su calidad de vida había sufrido una importante merma, así que solicitó a las autoridades australianas que le permitiesen suicidarse. Ante la negativa recibida decidió viajar a Suiza para poner fin a su vida con dignidad.

Después de haber comido con su familia, pescado frito y pastel de queso, a las 12.30 horas del 10 de Mayo de 2018 David Goodall moría en Bâle, Suiza, tras haberle sido administrada, con su consentimiento, una inyección letal de nembutal. En la sala donde le fue practicada la eutanasia sonaba el Himno de la alegría de Beethoven. Sus últimas palabras fueron, “esto estaba llevando demasiado tiempo”.

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